martes, 29 de marzo de 2011

INICIOS DE LA LÍRICA EN GRECIA



LÍRICA EN LA GRECIA CLÁSICA

Entre los siglos VII y VI a.C. en Grecia aparece la figura de la POLIS, con ello la burguesía ingresa con firmeza a las esferas en las que podía acceder al poder. De esta manera se hace posible apreciar algunos factores que determinarán el proceder de los hombres:

-Hay un aumento demográfico.

-Entran en crisis las políticas internas.

-Se producen migraciones y colonizaciones (costas del mar Negro, Egipto y N de Africa, Sicilia y el S de Italia… )

-Cambia la situación económica.

-Se incrementa el comercio.

-Se transforman las clases sociales.

-Se desencadenan guerras que exceden los límites locales…

-Surgen personalidades que se presentan como jefes de partido y algunos acaban convirtiéndose en tiranos, es decir, gobernantes por la fuerza..

-Se abre camino a una espiritualización de la vida que se refleja en la religión: el hombre adquiere mayor conciencia de la responsabilidad por la propia conducta.

-La arete (“virtud”) aristocrática es sustituida por el ideal de justicia (ya en Hesíodo).

En este mundo revuelto, se intensifica el sentimiento vital de los hombres por el despertar de las pasiones políticas y por la necesidad del individuo de imponerse en su lucha por la existencia; esta intensificación del sentimiento vital individual consigue una expresión adecuada en una nueva forma poética: la LÍRICA, una poesía apropiada para el canto, acompañada de la lira o del aulos -flauta (o el diaulós, doble flauta), aunque la lírica yámbica acabó siendo recitada.

No ha quedado nada del acompañamiento musical, y se supone que debía incluir también la danza.

En sus orígenes sin duda hay relación con la fiesta, y aunque apenas hay información sobre las manifestaciones preliterarias, anteriores al impulso del s.VIII a. C., la aparición de las grandes festividades griegas en el s.VIII (los Juegos Olímpicos comenzaron en el 776 a. C), y el VII, contribuyó al desarrollo de la lírica en sus diversas formas.

CARACTERÍSTICAS

En la poesía de este período aún hay huellas del pensamiento homérico y de la seriedad vital hesíodica. La dureza de la vida combativa da lugar, a veces, a un pesimismo desesperado. La religión cultual y oficial, que se integraba en la polis con el estado para formar un todo único e indivisible, no bastaba ya para satisfacer las necesidades ideológicas. Se vislumbra un nuevo mundo sentimental que no tiene ya nada que ver con la calma y la resignación con que el hombre homérico se enfrentaba a su vida y a sus dioses. Es común la idea de la indefensión del hombre, como un ser limitado ante el poder supremo de los dioses.

Por su temática, la lírica admite un contenido de gran variedad, desde un canto de boda hasta una exhortación guerrera. Son composiciones habitualmente breves, de estructura y formas métricas también muy diversas.

Junto a la brevedad, otra característica de la lírica sería la inspiración del poeta como elemento primordial y el empleo del tiempo presente, porque ya no importa el pasado.

En cuanto a su estructura hay un esquema ternario con frecuentes ampliaciones de otros elementos según la complejidad mayor o menor y la extensión definitiva del poema. En el PROEMIO se encuentra la invocación a las Musas, a la divinidadd, etc… La parte central de la composición le sirve al poeta, bien para contarnos el mito o para ampliar el proemio; en el EPÍLOGO queda recogido el comienzo del poema mediante el recurso a la composición anular. Este simple esquema encuentra en cada autor las más complejas combinaciones.

La clasificación tradicional distingue varios subgéneros. Los podemos notar en el siguiente cuadro:


La LÍRICA CORAL agrupa las composiciones destinadas a ser cantadas, y entre ellas se distingue el EPINICIO.

Es un género panhelénico, no circunscrito al territorio espartano, sino cultivado por poetas viajeros. [Esparta no era aún la ciudad militarizada y xenófoba de épocas posteriores]. La ejecución era de tipo mixto, con un proemio y un final cantados por el solista y un centro coral.

•Expresa menos la emoción personal que en el resto.
•Eran composiciones interpretadas por un coro en movimiento, al son de la lira o cualquier instrumento de cuerda, con motivo de algún tipo de fiesta o acontecimiento colectivoà no se improvisa
•En su origen, la mayoría de los poemas corales eran himnos a los dioses, aunque fue introduciendo temas variados más humanos que no dejaron nunca fuera, totalmente, la religiosidad.
•En su estructura métrica se utilizaban las tríadas, formadas por tres estrofas (estrofa, antistrofa y épodo)
•Tipos de composiciones destinadas a ser cantadas:
-peanes (himnos en honor a Apolo),
-ditirambos (himnos en honor a Dioniso),
-trenos (cantos de lamento)
-partenios (cantos de mujeres jóvenes)
-prosodias (cantos procesionales de jóvenes doncellas),
-epitalamios (cantos nupciales),
-encomios (elogios dedicados a hombres),
-epinicios (cantos en honor de los vencedores en competiciones atléticas),
-cantos de guerra.
-hyporquema (acompañado por bailarines que hacían movimientos miméticos).

Píndaro de Tebas (c. 522-448 a.C.), del que conservamos 45 epinicios, llevó la poesía coral a su cima. En él el elemento religioso no es ornamental, sino vivencia. Los dioses son sagrados y el mito no es sólo un adorno de su poesía, sino objeto de

seria y profunda meditación que facilita el conocimiento del bien. Entre sus obras los alejandrinos conocieron Himnos, Odas, Peanes, Ditirambos, Prosodia, Partenios, Encomios, Trenos y Epinicios.

Los
Epinicos u odas se conservaron relativamente, y los alejandrinos los clasificaron según los juegos en que se obtuvieron las victorias: Olímpicas, Píticas, Nemeas, Ítsmicas,
Sólo quedan fragmentos de extensión variable de los Himnos, Peanes, Ditirambos, Partenios, Hyporchémata y Encomios.

La LÍRICA MONÓDICA es la primera poesía lirica europea no destinada a ser ejecutada coralmente.

Los griegos distinguían tres tipos de canciones: las amorosas o erotiká, las de mesa o sympotiká, y las políticas o de guerra (estasiotiká). Desde el s

.VII se canta con acompañamiento de flauta. La flauta es asociada a la música asiática desde Homero (II. X 13), y la lírica literaria griega comienza con brío en tierras cercanas a Asia (las islas), o en la propia Asia (Jonia).

Se aproxima a la lengua cotidiana. Ordenan las palabras del modo más natural y cómodo, porque no necesitan adecuar el texto a un coro. Usan metros simples y musicales derivados de la canción popular. La unidad es la estrofa, que rara vez tiene más de cuatro versos.

Tradicionalmente se distinguen tres tipos: la lírica yámbica, la elegíaca y la mélica. E incluso se puede considerar el Epigrama, con menos pretensiones literarias, pero con gran difusión en ofrendas y epígrafes votivos y sepulcrales.

La MÉLICA aparece en la isla de Lesbos a principios del s.VII a.C., donde viven y mueren los dos poetas más representativos del género: SAFO y ALCEO. Era de tema amoroso principalmente. Utilizaba breves estrofas de métrica variada.

Safo parece que era una especie de institutriz de muchachas de la nobleza de la isla. Su poesía es simple y poderosa a la vez, de enorme poder intuitivo. Refleja una enorme humanidad y profundidad en el conocimiento de los sentimientos, especialmente femeninos. Desdeñaba la riqueza sin virtud, lo que la enfrentó a algunas familias aristocráticas y le valió el destierro.

Casada con un comerciante, tuvo una hija, Cleis, y al enviudar parece que dirigió una asociación o colegio para señoritas, en un ambiente de música, canto y danza à llama a su casa “casa de las servidoras de las Musas”. Hay interpretaciones muy distintas, pero es impensable la perspectiva de la prostitución y la corrupción.

Menandro (fr. 258K) cuenta que
se enamoró de Faón y, al ser rechazada, se suicidó saltando al mar desde una roca de Leúcade, pero se trata de una mala interpretación, porque Faón era un dios de la fecundidad del cortejo de Afrodita. Erotismo, amor, pasión y belleza dominan sus poemas, en una sociedad en la que los sexos viven lo afectivo por separado, exceptuando el matrimonio.
Trata temas de fiesta, autobiográficos y familiares, pero no de guerras ni política.
Safo ama a sus amigas, pide que le correspondan, compara su amor, habla de celos y separaciones, se queja de las que se fueron y de las que le rechazaron, habla de sus rivales Andrómeda y Gorgo, de las que van a irse con un hombre, promete no olvidar…parece, en muchos casos, que se trata de algo más que amistad. Ama la belleza por encima de todo y en todo momento pide a los dioses que la ayuden.

La POESÍA YÁMBICA, como poesía de la invectiva y de la sátira, está representada por Arquíloco, Hiponacte y Solón. En su origen el yambo (píe rítmico v-) estuvo asociado a los discursos satíricos del culto de la diosa Deméter.

Arquíloco de Paros (c. 680 – 645 a.C) fue el iniciador del género; canta al amor y al vino y no se avergüenza de declarar que arrojó el escudo en la batalla para salvar la vida. Cuenta el odio a sus enemigos y con sencillez describe a su amada. Las clases bajas y populares encontraron en la poesía yámbica de Arquíloco (hijo de una esclava) un órgano para su sentimiento de odio contra todo lo aristocrático y rico; manifiestan con orgullo y ostentación su pobreza y su envidia.

La LÍRICA ELEGÍACA es una creación jonia derivada del verso épico, como lo muestra su forma de dístico (hexámetro más pentámetro); en esta forma poetas como Calino, Tirteo, Mimnemo o Solón han expresado sentimientos (y situaciones menos personales con el yambo.) Los poetas alejandrinos convirtieron la elegía en un tipo de poema en el que se cantaban, entre alusiones mitológicas, las alegrías y penas de amor de los héroes mitológicos. Están convencidos de que el destino de sus pueblos depende de ellos, y, por consiguiente, se dedican con intensidad y resolución a la vida política: profeta, predicador, político, sabio son funciones desempeñadas normalmente por los poetas.

Tirteo (floruit 650 a.C.) cuando Esparta vive la segunda guerra mesenia Tirteo es el abanderado de la represión. Sus fragmentos son una parénesis, o exhortación, dirigida a los jóvenes espartanos para atacar al enemigo y morir por la patria. No se sabe si sus elegías eran cantadas en algún banquete o fiesta comunal antes de las batallas, o bien se entonaban durante la marcha del ejército.

Tirteo parte del mundo poético de Homero: viste de lenguaje épico un asunto contemporáneo como la guerra. Celebra la constitución de Licurgo. Un tema importante es que el pueblo no quiere al que vuelve indemne de la batalla, mientras que añora a un héroe que muere en combate.

En Atenas destacó Solón, que insta a la concordia y a la paz interna; alaba la riqueza conseguida honradamente. Convirtió la poesía en altavoz de sus ideas políticas y ético-religiosas y la utilizó para justificar su obra de reforma político-social. Para Solón, Zeus es el dios que con firme mirada puesta en el fin lo dirige todo sabia y justamente, sin intervenir arbitrariamente en el curso de las cosas. La raiz del mal en el mundo es la soberbia, la humana hybris. El ideal de justicia que asomaba en Hesíodo cobra ahora especial resonancia, porque la injusticia lleva al desorden social.

Por último, el EPIGRAMA es una composición poética (en dísticos, hexámetros o yambos) difundida en ofrendas, epígrafes votivos o sepulcrales, etc.; llegó a formarse una especie de repertorio de fórmulas y esquemas adaptables a otras situaciones y ocasiones con sólo variar una palabra, un nombre propio etc.

ACTIVIDAD

1. ¿Qué te parece la historia de Safo y del origen de la palabra "lesbiana"? ¿Tiene el sentido que hoy le atribuimos?

2. Entonces, ¿qué usos le dio a la poesía Tirteo? Explica con tus palabras.

3. ¿Qué relación existe entre la poesía clásica griega y las Olimpiadas? Argumenta tu respuesta.

4. Ernesto Cardenal, poeta nicaragüense, escribe también Epigramas. Lee sus epigramas a Claudia y luego explica si guarda o no relación con los epigramas planteados por los griegos.

martes, 22 de marzo de 2011

LA MÚSICA CONTEMPORÁNEA Y LA LITERATURA

Autores como Mark Twain, Homero y Vladimir Nabokovinspiraron a grupos de rock para componer algunas de sus obras. La literatura y el rock han estado unidos casi desde el surgimiento de este último, menciona el sitio con-secuencias. Hay grupos cuya inspiración llega a partir de la lectura de un libro, y otros más, como Pink Floyd,han grabado discos enteros con una obra literaria en la mente, este es el caso del disco "Animals", basado en el libro "Rebelión en la Granja"de George Orwell, el cual clasifica a las personas en Perros, Ovejas y Cerdos; siendo estos últimos lideres poderosos y malvados. Tanto en lírica como en el concepto, muchas obras literarias se encuentran filtradas en las guitarras que escuchamos de nuestros artistas preferidos. Sin embargo, muchos anteponemos la música por sobre los textos, sin darnos la oportunidad de leerlos, o de plano ignoramos por completo que existe tal relación.



The Velvet Underground Story, European re-issue

Image via Wikipedia

El nombre de la banda de Lou Reed y John Cale, The Velvet Underground, surgió del título homónimo de un libro sobre sadomasoquismo de Michael Leigh que Jim Tucker, amigo de Reed y Morrison y hermano deMaureen Tucker, encontró tirado en la calle.

Si tomamos en cuenta que sus páginas retrataban puro y absoluto sadomasoquismo, comprenderemos mejor el por qué de las letras sobre drogas y con alto contenido sexual que proponía Lou Reed. Incluso un subgénero del rock podría agradecerle su nombre a un libro. Una versión relata que la revista Rolling Stone junto con el editorBarry Giffod empleó la etiqueta “heavy metal” para referirse al estilo más pesado del género. El término parece ser que proviene de Uranian Willy, el chico "Heavy Metal", un personaje de "The Soft Machine" (nombre que inspiró por cierto a otra ilustre banda) de William Burroughs, famoso ensayista de la influyente generación beat.


Howard Phillips Lovecraft

H.P. Lovecraft

Favorito de muchos, Howard Phillips Lovecraft inspiró al grupo homónimo de rock psicodélico. Y es que esos relatos de terror y ciencia ficción gozaban de cierta empatía, no sólo con la música de la década de los sesenta, sino también con el metal, desde Black Sabbath y su tema "Behind The Wall of Sleep" hasta Metallica con "The Call of Ktulu", el también cuento corto del novelista y uno de los más famosos.


Wordmark of the British heavy metal band Iron ...

Del estilo también esEdgar Allan Poe, quien además de escribir "El corazón delator" imaginó "Los crímenes de la calle Morgue" que describe el asesinato de una madre y su hija. Lo suficientemente sangriento para que Iron Maiden grabara una pieza con el mismo título para el álbum "Killers". Hablando de autores oscuros, alguna vezRobert Smith de The Cure reconoció que la supuestamente racista "Killing an arab" en realidad se basaba en "El Extranjero" de Albert Camus

El Extranjero

Image by opk via Flickr

"El extranjero" relata como el personaje principal dispara a un árabe que está de pie en una playa, después de mirar el mar y cegarse por la luz del sol. Curioso es que la banda progresivaMarillion se llamaba en sus inicios Silmarillion, en honor a la recopilación de J.R.R. Tolkien, la pluma detrás de "El Señor de los Anillos". Parece que la palabra se modificó tras algunos problemas jurídicos con quienes detentaban los derechos de ese compendio. Creadores de "Waterfall", los desaparecidos Stone Roses le deben su nombre a Sarah Gainham, quien imaginó su novela homónima de espías situada en los años cincuenta.

Los videos musicales también han retomado aspectos de la literatura. Las imágenes de la muy coreada "Losing My Religion" de REM se basan en el cuento "Un señor muy viejo con unas alas enormes" de Gabriel García Márquez, en donde un ángel que cae del cielo es exhibido como fenómeno de circo por una ambiciosa pareja.

La generacion beat es homenajeada porKing Crimson en su disco titulado explícitamente "Beat" (tan solo ver "Neal, Jack and me" haciendo referencia aJack Kerouac). Camel editò "The Snow Goose" obra cumbre de Paul Gallico y antes habìan publicado "White Rider" en el disco "Mirage" basado en los textos de Tolkien. Los folk-progresivos Renaissance también tienen un disco llamado "Sherezade", basado en "Las mil y una noches".

Gentle Giant hacen referencias a Émile Zola (Pantagruels nativity) y a François Rabelais(The advent of panurge). Blind Guardian son conocidos por sus numerosas referencias a Tolkien, aunque ello también es patrimonio de la mayoría de grupos metaleros.


Pink-Floyd Piper at the gates of dawn

El primer disco de Pink Floyd "The Piper at the Gates of Down", es el título de un capítulo del libro "El viento en los sauces". En la portada de "Magical Mystery Tour" de los Beatles los personajes hacen referencia a un cuento de Edgar Allan Poe, al igual que la cancion "I´m the Walrus". A Rush como ya hemos apuntado se le conoce por sus temas épicos y míticos basados en la literatura; "The Necromancer" es un personaje que hace referencia a Sauron de Tolkien en "El Señor de los Anillos", mientras que los tres viajeros no son otros que Frodo, Samsagaz y Gollum; en "A Farewell to Kings" basicamente se profundiza sobre el choque entre Apolo (deidad de la sabiduría) y Dioniso (deidad del amor); este es un concepto explorado primero por Nietzsche. La canción "Rivendell" toma el nombre de un sitio mitológico en donde los elfos buscan refugio en su viaje peregrinatorio, y aparece por primera vez en la novela "El Hobbit" de Tolkien.



Los Ramones sacaron a finales de los 80 la canción "Pet Sematary" (Cementerio de Mascotas, escrito con esas faltas de ortografia) basado en la novela de terror de Stephen King. "Anabel Lee" de Radio Futura está basado en un poema del explotado filón artístico de Edgar Allan Poe. Iced Earth se inspira mucho en la obra de John Milton "Paradise Lost", ademas de que existe un grupo precisamente con ese nombre. Extremoduro ha utilizado en muchas canciones la estategia literaria tanto con poemas como con libros. Héroes del Silencio tienen varias influencia como William Blake, Charles Baudelaire, Alejandro Casona, Mario Benedetti y Amado Nervo. En "Sympathy for the devil" de los Rolling Stones parece haber influencia de varios escritores como Bulgákov o Baudelaire, y el nombre de Uriah Heep pertenece a un peculiar y malvado personaje que aparecía en la novela "David Copperfield" de Charles Dickens.

Y se quedan en el tintero muchísimas otras referencias no abordadas, pero ya hemos visto en gran medida hasta que punto se han fundido literatura y música. Si le echamos un ojo a muchas bandas metaleras o sinfónicas encontraremos como hemos dicho que Tolkien es su Biblia(Burzum, Rivendel, Gorgoroth, Cirith Ungol, Paradise Lost, Gandalf, Isildurs Bane, Par Lindh Project, Blind Guardian, Manowar, Therion y Rick Wakeman); así como miles de proyectos basan sus títulos en Alicia en el Pais de las Maravillas. Baudelaire es fuente inagotable de inspiración para bandas dark o góticas, los llamados poetas de la Generación Beat son también harto socorridos, y que decir de la ciencia ficción, la mitología (Bathory), la astronomía o la informática?. Todos los ejemplos mencionados aquí sólo demuestran una cosa irrefutable: que el rock y la literatura en la mayoría de casos sí combinan.

ACTIVIDAD

1. ¿Por qué crees que podemos hallar relación entre los conceptos literatura - rock?

2. ¿Esta situación planteada en la lectura es actual o no? Especifica tu respuesta

3. Crees que esta relación beneficia al público o lo confunde? ¿Cómo?

4. ¿Qué caso te llamó la atención? ¿Cuál es la razón?

¿INTOLERANCIA O IRRESPONSABILIDAD?

EL CASO DE SALMAN RUSHDIE Y EL AYATOLLAH KOMEINI


Puede ocurrir que un escritor, en uso de su libertad para crear e inventar sus ficciones o historias, aborde temas que queriendo o no ofendan a personas que tienen ciertos tipos de creencias. Pero...luego, ¿dónde queda que el arte necesita ser libre? Tal vez, los límites para escribir, después de todo, existen? veamos qué le aconteció a Salman Rushdie, el escritor.


En la mayoría de los casos la intolerancia de las tiranías hacia los escritores se transforma en claros ejemplos de irracionalidad, tal fue el caso de Salman Rushdie, el escritor angloindio. Antes de finalizar los años ochenta, la teocracia gubernamental de Irán condenó a muerte al novelista por supuestamente blasfemar a la religión musulmana en su obra Versos Satánicos. En el Reino Unido, él tuvo que vivir por largo tiempo en la clandestinidad con el propósito de esquivar la muerte a manos de los grupos terroristas iraníes.

Como ciudadano británico, el gobierno de Margaret Thatcher le otorgó seguridad al más alto nivel. "Puede ser una ironía en un Estado autoritario, donde uno le debe lealtad al régimen, pero no lo es en una democracia auténtica", respondió Rushdie al ser interrogado sobre su condición de ciudadano protegido del Reino Unido. De hecho, una gran cantidad de escritores son asesinados o forzados al exilio sobre todo en sociedades con grupos terroristas y gobiernos tiránicos sin fuertes presiones internacionales por el respeto de los derechos humanos, basta mencionar los casos de Argelia, Myanmar, Bangladesh, Haití y Cuba.

"Los islamistas argelinos han inaugurado la era del asesinato mediático, en la que se mata a gente, tengan el nombre o la posición que sea. Les resulta más rentable, mucho más que matar a mil policías. Y les es más útil ideológicamente, ya que son intelectuales y no el poder quienes constituyen la única salida contra una victoria del integrismo en Argelia", sostuvo el escritor Rachid Mimouni en una entrevista a Le Nouvel Observateur de Francia. Ciertamente, el país norafricano conoce muy bien la violencia terrorista contra los opositores: el Frente Islámico de Salvación (FIS) asesinó a los escritores Tahar Djaout y Abdel Kader Alloula, a principios de los noventa.

ACTIVIDAD
1. ¿Qué razones válidas tuvo el Ayatollah para mostrar su ira contra salman Rushdie?
2. Entonces ¿el arte es libre? Opina al respecto
3. Su novela ofensiva se titula "Los versos satánicos"; ¿el solo hecho de tener este título es ya motivo de crítica? ¿Qué te parece?

EL MISTERIO DEL CASO PYNCHON

A parte de sus obras, apenas conocemos nada de uno de los autores estadounidenses contemporáneos más notorios: Thomas Pynchon. Desde que deja la compañía Boeing, antes de publicar su más célebre novela, “El arcoiris de la gravedad” en los años 60, se pierde su pista. Pynchon desaparece de la escena pública antes de alcanzar la fama como escritor, haciendo un trabajo perfecto borrando las huellas de su pasado. Actualmente, a parte de un escritor de culto, es un fetiche para los teóricos de la conspiración.

¿Qué sabemos de él?

En Mayo de 1937 nace Thomas Ruggles Pynchon Jr. en Long Island (Nueva York). Fue nombrado “Estudiante del año” por su instituto, el Oyster Bay High School, donde escribió algunos relatos literarios para la revista del centro. Más tarde sería aceptado en la Universidad de Cornell, donde comenzó a estudiar física e ingeniería y permaneció alli dos años, hasta que se alistó en la Marina de los EEUU. En 1957 regresó a la universidad y dos años despues publicó su primera novela “The small rain”(“La pequeña lluvia”), que cuenta la experiencia real de un amigo en el ejército, en el Cornell Writer.

Tras finalizar sus estudios trabajó como redactor técnico para la firma Boeing, empresa que inspiraría la ficticia Yoyodin en su obra “V.” que vió la luz en 1963. A partir de aquí, se pierde su rastro. Se dice que quemó su expediente académico, el militar y sus currículums, que no tiene domicilio fijo. De hecho, su nombre ni siquiera figura en los registros de la empresa Boeing.

En 1973 recibió el National Book Award, que fue recogido en su nombre por un estudiante del que no se ha vuelto a saber nada. En todas las ocasiones en las que ha sido premiado, ha enviado a falsos “pynchons” a recoger el galardón. Las únicas fotos que han trascendido de él son de hace más de 40 años, un de ellas se trata de la de su anuario, bajo la que se puede leer “Amante de las pizzas; detesta los hipócritas; su posesión más preciada es una máquina de escribir; quiere ser físico; orgulloso miembro del Club de Matemáticas y del Círculo Español. Característica definitoria: su inmenso vocabulario”.

En 1997, Pynchon es sorprendido por las cámaras de la CNN paseando por Manhattan. Rápidamente llama por teléfono a la cadena para exigir que su imagen no se difunda, exigencia que tras ser discutida, la cadena aceptó. Segúnha declarado la CNN, Pynchon dijo “Déjenme no ser ambiguo. Prefiero no ser fotografiado.” A cambio, aceptó aparecer en el programa de Larry Clark con su rostro nublado electrónicamente, donde habló de su entonces recién publicada obra “Mason y Dixon”.

¿Qué se ha dicho de él?

Como escritor que guarda con sumo cuidado su intimidad, tanto que ni los editores de sus novelas le han visto el rostro, y evita cualquier tipo de presentación en público o contacto con los medios, ha sido el centro de muchos rumores y leyendas urbanas que atestan las páginas web dedicadas a este misterioso escritor.

Algunos afirman que su enemistad con los medios fue ocasionada por el complejo que Pynchon sufría por sus dientes prominentes. Vila-Matas cuenta que un crítico y profesor universitario, estudioso de la compleja narrativa de Pynchon, fue invitado a una fiesta por el novelista. Bajito y moreno, irónico y parlanchín, estuvo divertido y amable. Veinte años después recibió otra invitación del escritor para un party. Lo recibió con un whisky en la mano otra persona, un sujeto alto, rubio y silencioso, que afirmaba ser Pynchon, y cuando el crítico expresó su perplejidad, el otro sonrió. “¿Quién es Pynchon? ¿Usted o el otro?”. El Pynchon rubio se rascó la cabeza. “¿A usted qué le parece?”

martes, 8 de febrero de 2011

BORGES Y SU NARRACIÓN DE ARENA

LA ESCRITURA DEL DIOS


La cárcel es profunda y de piedra; su forma, la de un hemisferio casi perfecto, si bien el piso(que también es de piedra) es algo menor que un círculo máximo, hecho que agrava de algún modo los sentimientos de opresión y de vastedad. Un muro medianero la corta; éste, aunque altísimo, no toca la parte superior de la bóveda; de un lado estoy yo, Tzinacán, mago de la pirámide de Qaholom, que Pedro de Alvarado incendió; del otro, hay un jaguar, que mide en secretos pasos iguales el tiempo y el espacio del cautiverio. A ras del suelo, una larga ventana con barrotes corta el muro central. En la hora sin sombra [el mediodía] se abre una trampa en lo alto y un carcelero que ha ido borrando los años maniobra una roldana de hierro, y nos baja, en la punta de un cordel, cántaros con agua y trozos de carne. La luz entra en la bóveda; en ese instante puedo ver al jaguar. He perdido la cifra de los años que yazgo en la tiniebla; yo, que alguna vez era joven y podía caminar por esta prisión, no hago otra cosa que aguardar, en la postura de mi muerte, el fin que me destinan los dioses. Con el hondo cuchillo de pedernal he abierto el pecho de las víctimas y ahora no podría, sin magia, levantarme del polvo. La víspera del incendio de la Pirámide, los hombres que bajaron de altos caballos me castigaron con metales ardientes para que revelara el lugar de un tesoro escondido. Abatieron, delante de mis ojos, el ídolo del dios, pero éste no me abandonó y me mantuve silencioso entre los tormentos. Me laceraron, me rompieron, me deformaron y luego desperté en esta cárcel, que ya no dejaré en mi vida mortal. Urgido por la fatalidad de hacer algo, de poblar de algún modo el tiempo, quise recordar, en mi sombra, todo lo que sabía. Noches enteras malgasté en recordar el orden y el número de unas sierpes de piedra o la forma de un árbol medicinal. Así fui debelando los años, así fui entrando en posesión de lo que ya era mío. Una noche sentí que me acercaba a un recuerdo preciso; antes de ver el mar, el viajero siente una agitación en la sangre. Horas después, empecé a avistar el recuerdo; era una de las tradiciones del dios. Éste, previendo que en el fin de los tiempos ocurrirían muchas desventuras y ruinas, escribió el primer día de la Creación una sentencia mágica, apta para conjurar esos males. La escribió de manera que llegara a las más apartadas generaciones y que no la tocara el azar. Nadie sabe en qué punto la escribió ni con qué caracteres, pero nos consta que perdura, secreta, y que la leerá un elegido. Consideré que estábamos, como siempre, en el fin de los tiempos y que mi destino de último sacerdote del dios me daría acceso al privilegio de intuir esa escritura. El hecho de que rodeara una cárcel, no me vedaba esa esperanza; acaso yo había visto miles de veces la inscripción de Qaholom y sólo me faltaba entenderla. Esta reflexión me animó y luego me infundió una especie de vértigo. En el ámbito de la Tierra hay formas antiguas, formas incorruptibles y eternas; cualquiera de ella podía ser el símbolo buscado. Una montaña podía ser la palabra de dios, o un río o el imperio o la configuración de los astros. Pero en el curso de los siglos, las montañas se allanan y el camino de un río suele desviarse y los imperios conocen mutaciones y estragos y la figura de los astros varía. En el firmamento hay mudanza. La montaña y la estrella son individuos y los individuos caducan. Busqué algo más tenaz, más invunerable. Pensé en las generaciones de los cereales, de los pastos, de los pájaros, de los hombres. Quizás en mi cara estuviera escrita la magia, quizás yo mismo fuera el fin de mi busca. En ese afán estaba cuando recordé que el jaguar era uno de los atributos del dios. Entonces mi alma se llenó de piedad. Imaginé la primera mañana del tiempo, imaginé a mi dios confiando el mensaje a la piel viva de los jaguares, que se amarían y se engendrarían sin fin, en cavernas, en cañaverales, en islas, para que los últimos hombres lo recibieran. Imaginé esa red de tigres, ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los rebaños para conservar un dibujo. En la otra celda había un jaguar; en su vecindad percibí una confirmación de mi conjetura y un secreto favor. Dediqué largos años a aprender el orden y la configuración de las manchas. Cada ciega jornada me concedía un instante de luz, y así pude fijar en la mente las negras formas que tachaban el pelaje amarillo. Algunas incluían puntos; otras formaban rayas transversales en la cara interior de las piernas; otras, anulares, se repetían. Acaso eran un mismo sonido o una misma palabra. Muchas tenían bordes rojos. No diré las fatigas de mi labor. Más de una vez grité a la bóveda que era imposible descifrar aquel texto. Gradualmente, el enigma concreto que me atareaba me inquietó menos que el enigma genérico de una sentencia escrita por un dios. ¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios, toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y cuanto puede comprender un lenguaje, son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo. Un día o una noche - entre mis días y mis noches, ¿qué diferencia cabe? - soñé que en el piso de la cárcel había un grano de arena. Volví a dormir, indiferente; soñé que despertaba y que había dos granos de arena. Volví a dormir; soñé que los granos de arena eran tres. Fueron, así, multiplicándose hasta colmar la cárcel y yo moría bajo ese hemisferio de arena. Comprendí que estaba soñando; con un vasto esfuerzo me desperté. El despertar fue inútil; la innumerable arena me sofocaba. Alguien me dijo: No has despertado a la vigilia, sino a un sueño anterior. Ese sueño está dentro de otro, y así hasta lo infinito, que es el número de granos de arena. El camino que habrás de desandar es interminable y morirás antes de haber despertado realmente. Me sentí perdido. La arena me rompía la boca, pero grité: Ni una arena soñada puede matarme ni hay sueños que estén dentro de los sueños. Un resplandor me despertó. En la tiniebla superior se cernía un círculo de luz. Vi la cara y las manos del carcelero, la rodaja, el cordel, la carne y los cántaros. Un hombre se confunde, gradualmente con la forma de su destino; un hombre es, a la larga, sus circustancias. Más que un descifrador o un vengador, más que un sacerdote del dios, yo era un encarcelado. Del incansable laberinto de sueños yo regresé como a mi casa a la dura prisión. Bendije su humedad, bendije su tigre, bendije el agujero de luz, bendije mi viejo cuerpo doliente, bendije la tiniebla y la piedra. Entonces ocurrió lo que no puedo olvidar ni comunicar. Ocurrió la unión con la divinidad, con el universo (no sé si estas palabras difieren). El éxtasis no repite sus símbolos; hay quien ha visto a Dios en un resplandor, hay quien lo ha percibido en una espada o en los círculos de una rosa. Yo vi una Rueda altísima, que no estaba delante de mis ojos, ni detrás, ni a los lados, sino en todas partes, a un tiempo. Esa Rueda estaba hecha de agua, pero también de fuego, y era (aunque se veía el borde) infinita. Entretejidas, la formaban todas las cosas que serán, que son y que fueron, y yo era una de las hebras de esa trama total, y Pedro de Alvarado, que me dio tormento, era otra. Ahí estaban las causas y los efectos y me bastaba ver esa Rueda para entenderlo todo, sin fin. ¡Oh, dicha de entender, mayor que la de imaginar o la de sentir! Vi el universo y vi los íntimos designios del universo. Vi los orígenes que narra el Libro del Común. Vi las muchas montañas que surgieron del agua, vi los primeros hombres de palo, vi las tinajas que se volvieron contra los hombres, vi los perros que les destrozaron las caras. Vi el dios sin cara que hay detrás de los dioses. Vi infinitos procesos que formaban una sola felicidad y, entendiéndolo todo, alcancé también a entender la escritura del tigre. En una fórmula de catorce palabras casuales (que parecen casuales) y me bastaría decirla en voz alta para ser todopoderoso. Me bastaría decirla para abolir esta cárcel de piedra, para que el día entrara en mi noche, para ser joven, para ser inmortal, para que el tigre destrozara a De Alvarado, para sumir el santo cuchillo en pechos españoles, para reconstruir la pirámide, para reconstruir el imperio. Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacán, regiría las tierras que rigió Moctezuma. Pero yo sé que nunca diré esas palabras, porque ya no me acuerdo de Tzinacán. Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres. Quien ha entrevisto el universo, quien ha entrevisto lo ardientes designios del universo, no puede pensar en un hombre, en sus triviales dichas o desventuras, aunque ese hombre sea él. Ese hombre ha sido él y ahora no le importa. Qué le importa la suerte de aquel otro, qué le importa la nación de aquel otro, si él ahora no es nadie. Por eso no pronuncio la fórmula, por eso dejo que me olviden los días, acostado en la oscuridad.

EL OTRO


El hecho ocurrió el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí. Sé que fue casi atroz mientras duró y más aún durante las desveladas noches que lo siguieron. Ello no significa que su relato pueda conmover a un tercero.
Serían las diez de la mañana. Yo estaba recostado en un banco, frente al río Charles. A unos quinientos metros a mi derecha había un alto edificio, cuyo nombre no supe nunca. El agua gris acarreaba largos trozos de hielo. Inevitablemente, el río hizo que yo pensara en el tiempo. La milenaria imagen de Heráclito. Yo había dormido bien, mi clase de la tarde anterior había logrado, creo, interesar a los alumnos. No había un alma a la vista.
Sentí de golpe la impresión (que según los psicólogos corresponde a los estados de fatiga) de haber vivido ya aquel momento. En la otra punta de mi banco alguien se había sentado. Yo hubiera preferido estar solo, pero no quise levantarme en seguida, para no mostrarme incivil. El otro se había puesto a silbar. Fue entonces cuando ocurrió la primera de las muchas zozobras de esa mañana. Lo que silbaba, lo que trataba de silbar (nunca he sido muy entonado), era el estilo criollo de La tapera de Elías Regules. El estilo me retrajo a un patio, que ha desaparecido, y la memoria de Alvaro Melián Lafinur, que hace tantos años ha muerto. Luego vinieron las palabras. Eran las de la décima del principio. La voz no era la de Álvaro, pero quería parecerse a la de Alvaro. La reconocí con horror.
Me le acerqué y le dije:
-Señor, ¿usted es oriental o argentino?
-Argentino, pero desde el catorce vivo en Ginebra -fue la contestación.
Hubo un silencio largo. Le pregunté:
-¿En el número diecisiete de Malagnou, frente a la iglesia rusa?
Me contestó que si.
-En tal caso -le dije resueltamente- usted se llama Jorge Luis Borges. Yo también soy Jorge Luis Borges. Estamos en 1969, en la ciudad de Cambridge.
-No -me respondió con mi propia voz un poco lejana.
Al cabo de un tiempo insistió:
-Yo estoy aquí en Ginebra, en un banco, a unos pasos del Ródano. Lo raro es que nos parecemos, pero usted es mucho mayor, con la cabeza gris.
Yo le contesté:
-Puedo probarte que no miento. Voy a decirte cosas que no puede saber un desconocido. En casa hay un mate de plata con un pie de serpientes, que trajo de Perú nuestro bisabuelo. También hay una palangana de plata, que pendía del arzón. En el armario de tu cuarto hay dos filas de libros. Los tres de volúmenes de Las mil y una noches de Lane, con grabados en acero y notas en cuerpo menor entre capítulo, el diccionario latino de Quicherat, la Germania de Tácito en latín y en la versión de Gordon, un Don Quijote de la casa Garnier, las Tablas de Sangre de Rivera Indarte, con la dedicatoria del autor, el Sartor Resartus de Carlyle, una biografía de Amiel y, escondido detrás de los demás, un libro en rústica sobre las costumbres sexuales de los pueblos balkánicos. No he olvidado tampoco un atardecer en un primer piso en la plaza Dubourg.
-Dufour -corrigió.
-Esta bien. Dufour. ¿Te basta con todo eso?
-No -respondió-. Esas pruebas no prueban nada. Si yo lo estoy soñando, es natural que sepa lo que yo sé. Su catálogo prolijo es del todo vano.
La objeción era justa. Le contesté:
-Si esta mañana y este encuentro son sueños, cada uno de los dos tiene que pensar que el soñador es él. Tal vez dejemos de soñar, tal vez no. Nuestra evidente obligación, mientras tanto, es aceptar el sueño, como hemos aceptado el universo y haber sido engendrados y mirar con los ojos y respirar.
-¿Y si el sueño durara? -dijo con ansiedad.
Para tranquilizarlo y tranquilizarme, fingí un aplomo que ciertamente no sentía. Le dije:
-Mi sueño ha durado ya setenta años. Al fin y al cabo, al recordarse, no hay persona que no se encuentre consigo misma. Es lo que nos está pasando ahora, salvo que somos dos. ¿No querés saber algo de mi pasado, que es el porvenir que te espera?
Asintió sin una palabra. Yo proseguí un poco perdido:
-Madre está sana y buena en su casa de Charcas y Maipú, en Buenos Aires, pero padre murió hace unos treinta años. Murió del corazón. Lo acabó una hemiplejía; la mano izquierda puesta sobre la mano derecha era como la mano de un niño sobre la mano de un gigante. Murió con impaciencia de morir, pero sin una queja. Nuestra abuela había muerto en la misma casa. Unos días antes del fin, nos llamo a todos y nos dijo: "Soy una mujer muy vieja, que está muriéndose muy despacio. Que nadie se alborote por una cosa tan común y corriente."Norah, tu hermana, se casó y tiene dos hijos. A propósito, ¿en casa como están?
-Bien. Padre siempre con sus bromas contra la fe. Anoche dijo que Jesús era como los gauchos, que no quieren comprometerse, y que por eso predicaba en parábolas.
Vaciló y me dijo:
-¿Y usted?
No sé la cifra de los libros que escribirás, pero sé que son demasiados. Escribirás poesías que te darán un agrado no compartido y cuentos de índole fantástica. Darás clases como tu padre y como tantos otros de nuestra sangre. Me agradó que nada me preguntara sobre el fracaso o éxito de los libros.
Cambié. Cambié de tono y proseguí:
-En lo que se refiere a la historia... Hubo otra guerra, casi entre los mismos antagonistas. Francia no tardó en capitular; Inglaterra y América libraron contra un dictador alemán, que se llamaba Hitler, la cíclica batalla de Waterllo. Buenos Aires, hacía mil novecientos cuarenta y seis, engendró otro Rosas, bastante parecido a nuestro pariente. El cincuenta y cinco, la provincia de Córdoba nos salvó, como antes Entre Ríos. Ahora, las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta; América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio. Cada día que pasa nuestro país es más provinciano. Más provinciano y más engreído, como si cerrara los ojos. No me sorprendería que la enseñanza del latín fuera reemplazada por la del guaraní.
Noté que apenas me prestaba atención. El miedo elemental de lo imposible y sin embargo cierto lo amilanaba. Yo, que no he sido padre, sentí por ese pobre muchacho, más íntimo que un hijo de mi carne, una oleada de amor. Vi que apretaba entre las manos un libro. Le pregunté qué era.
-Los poseídos o, según creo, Los demonios de Fyodor Dostoievski -me replicó no sin vanidad.
-Se me ha desdibujado. ¿Que tal es?
No bien lo dije, sentí que la pregunta era una blasfemia.
-El maestro ruso -dictaminó- ha penetrado más que nadie en los laberintos del alma eslava.
Esa tentativa retórica me pareció una prueba de que se había serenado.
Le pregunté qué otros volúmenes del maestro había recorrido.
Enumeró dos o tres, entre ellos El doble.
Le pregunté si al leerlos distinguía bien los personajes, como en el caso de Joseph Conrad, y si pensaba proseguir el examen de la obra completa.
-La verdad es que no -me respondió con cierta sorpresa.
Le pregunté qué estaba escribiendo y me dijo que preparaba un libro de versos que se titularía Los himnos rojos. También había pensado en Los ritmos rojos.
-¿Por qué no? -le dije-. Podés alegar buenos antecedentes. El verso azul de Rubén Darío y la canción gris de Verlaine.
Sin hacerme caso, me aclaró que su libro cantaría la fraternidad de todos lo hombres. El poeta de nuestro tiempo no puede dar la espalda a su época. Me quedé pensando y le pregunté si verdaderamente se sentía hermano de todos. Por ejemplo, de todos los empresarios de pompas fúnebres, de todos los carteros, de todos buzos, de todos los que viven en la acera de los números pares, de todos los afónicos, etcétera. Me dijo que su libro se refería a la gran masa de los oprimidos y parias.
-Tu masa de oprimidos y de parias -le contesté- no es más que una abstracción. Sólo los individuos existen, si es que existe alguien. El hombre de ayer no es el hombre de hoy sentencio algún griego. Nosotros dos, en este banco de Ginebra o de Cambridge, somos tal vez la prueba.
Salvo en las severas páginas de la Historia, los hechos memorables prescinden de frases memorables. Un hombre a punto de morir quiere acordarse de un grabado entrevisto en la infancia; los soldados que están por entrar en la batalla hablan del barro o del sargento. Nuestra situación era única y, francamente, no estábamos preparados. Hablamos, fatalmente, de letras; temo no haber dicho otras cosas que las que suelo decir a los periodistas. Mi alter ego creía en la invención o descubrimiento de metáforas nuevas; yo en las que corresponden a afinidades íntimas y notorias y que nuestra imaginación ya ha aceptado. La vejez de los hombres y el ocaso, los sueños y la vida, el correr del tiempo y del agua. Le expuse esta opinión, que expondría en un libro años después.
Casi no me escuchaba. De pronto dijo:
-Si usted ha sido yo, ¿cómo explicar que haya olvidado su encuentro con un señor de edad que en 1918 le dijo que él también era Borges? No había pensado en esa dificultad. Le respondí sin convicción:
-Tal vez el hecho fue tan extraño que traté de olvidarlo.
Aventuró una tímida pregunta:
-¿Cómo anda su memoria?
Comprendí que para un muchacho que no había cumplido veinte años; un hombre de más de setenta era casi un muerto. Le contesté:
-Suele parecerse al olvido, pero todavía encuentra lo que le encargan.
Estudio anglosajón y no soy el último de la clase.
Nuestra conversación ya había durado demasiado para ser la de un sueño.
Una brusca idea se me ocurrió.
-Yo te puedo probar inmediatamente -le dije- que no estás soñando conmigo.
Oí bien este verso, que no has leído nunca, que yo recuerde.
Lentamente entoné la famosa línea:
L'byre - univers tordant son corps écaillé d'astres. Sentí su casi temeroso estupor. Lo repitió en voz baja, saboreando cada resplandeciente palabra.
-Es verdad -balbuceó-. Yo no podré nunca escribir una línea como ésa.
Hugo nos había unido.
Antes, él había repetido con fervor, ahora lo recuerdo, aquella breve pieza en que Walt Whitman rememora una compartida noche ante el mar, en que fue realmente feliz.
-Si Whitman la ha cantado -observé- es porque la deseaba y no sucedió. El poema gana si adivinamos que es la manifestación de un anhelo, no la historia de un hecho.
Se quedó mirándome.
-Usted no lo conoce -exclamó-. Whitman es capaz de mentir.
Medio siglo no pasa en vano. Bajo nuestra conversación de personas de miscelánea lectura y gustos diversos, comprendí que no podíamos entendernos.
Eramos demasiado distintos y demasiado parecidos. No podíamos engañarnos, lo cual hace difícil el dialogo. Cada uno de los dos era el remendo cricaturesco del otro. La situación era harto anormal para durar mucho más tiempo. Aconsejar o discutir era inútil, porque su inevitable destino era ser el que soy.
De pronto recordé una fantasía de Coleridge. Alguien sueña que cruza el paraíso y le dan como prueba una flor. Al despertarse, ahí está la flor. Se me ocurrió un artificio análogo.
-Oí -le dije-, ¿tenés algún dinero?
-Sí - me replicó-. Tengo unos veinte francos. Esta noche lo convidé a Simón Jichlinski en el Crocodile.
-Dile a Simón que ejercerá la medicina en Carouge, y que hará mucho bien... ahora, me das una de tus monedas.
Sacó tres escudos de plata y unas piezas menores. Sin comprender me ofreció uno de los primeros.
Yo le tendí uno de esos imprudentes billetes americanos que tienen muy diverso valor y el mismo tamaño. Lo examinó con avidez.
-No puede ser -gritó-. Lleva la fecha de mil novecientos sesenta y cuatro. (Meses después alguien me dijo que los billetes de banco no llevan fecha.)
-Todo esto es un milagro -alcanzó a decir- y lo milagroso da miedo. Quienes fueron testigos de la resurrección de Lázaro habrán quedado horrorizados. No hemos cambiado nada, pensé. Siempre las referencias librescas.
Hizo pedazos el billete y guardó la moneda.
Yo resolví tirarla al río. El arco del escudo de plata perdiéndose en el río de plata hubiera conferido a mi historia una imagen vívida, pero la suerte no lo quiso.
Respondí que lo sobrenatural, si ocurre dos veces, deja de ser aterrador. Le propuse que nos viéramos al día siguiente, en ese mismo banco que está en dos tiempos y en dos sitios.
Asintió en el acto y me dijo, sin mirar el reloj, que se le había hecho tarde. Los dos mentíamos y cada cual sabía que su interlocutor estaba mintiendo. Le dije que iban a venir a buscarme.
-¿A buscarlo? -me interrogó.
-Sí. Cuando alcances mi edad habrás perdido casi por completo la vista.
Verás el color amarillo y sombras y luces. No te preocupes. La ceguera gradual no es una cosa trágica. Es como un lento atardecer de verano. Nos despedimos sin habernos tocado. Al día siguiente no fui. EL otro tampoco habrá ido.
He cavilado mucho sobre este encuentro, que no he contado a nadie. Creo haber descubierto la clave. El encuentro fue real, pero el otro conversó conmigo en un sueño y fue así que pudo olvidarme; yo conversé con él en la vigilia y todavía me atormenta el encuentro.
El otro me soñó, pero no me soñó rigurosamente. Soñó, ahora lo entiendo, la imposible fecha en el dólar.

ACTIVIDAD

1. Reconoce el tipo de narrador que Borges utiliza en cada relato anterior.

2. LA ESCRITURA DEL DIOS: ¿Qué piensa Tzinacán del destino?

3. EL OTRO: ¿En qué momento el relato convierte la confusión en un atractivo para la lectura? Proporciona detalles.

4. Ilustra creativamente los relatos.